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UN POCO DE HISTORIA DE GATOS

UNA HISTORIA QUE EMPIEZA EN EGIPTO
En la antigüedad egipcia, el gato conoció su momento de gloria, ya que mataba
las ratas, grandes devoradoras de cereales y ahuyentaba a las serpientes, muy
numerosas a orillas del Nilo. Era admirado por su belleza y temido por sus
cualidades “mágicas” que no eran otra cosa que la capacidad de sus pupilas para
contraerse a la luz de la Luna y el Sol. , Bastet
diosa de la fecundidad, era representada por una gata. Este animal era objeto de
tal veneración que, cuando moría, toda la familia se afeitaba las cejas en señal
de duelo; en caso de incendio, se salvaba primero al gato tutelar y, si moría
entre las llamas, la familia superviviente se cubría de hollín y recorría las
calles pregonando su culpabilidad. Matar un gato, incluso involuntariamente, era
un delito castigado a menudo con la pena de muerte: el culpable era lapidado por
el pueblo.
LA EUROPA MEDIEVAL “DEMONIZA” AL GATO
La Europa de la Baja Edad Media no fue
hostil hacia el gato, que, por sus dotes de cazador, se ganaba la
simpatía de los campesinos. Se servían de él para
combatir roedores de todo tipo, desafiando el juicio de la iglesia, que
consideraba al animal como un ser demoníaco, en conventos y
monasterios; incluso más de un santo medieval apreciaba su
amistad. Por desgracia, el rebrote de los cultos paganos tras la peste
negra y sus estragos (25 millones de muertos en 20 años), hacia
mediados del siglo XIV, firmó la sentencia del pequeño
felino, asociado a partir de entonces con los ritos
“infernales”. La Inquisición, con el Papa Inocencio
VIII y su edicto del año 1484, toleró el sacrificio de
los gatos con ocasión de las fiestas populares. Ése fue
el principio de un largo período de persecución.
QUEMADO CON LAS BRUJAS
A diferencia de perros, vacas, cerdos, etc., que eran juzgados por el
tribunal, los gatos eran condenados a la vez que su dueño, brujo o bruja, y
quemados vivos en la plaza pública, para gran regocijo de los mirones. Hubo que
esperar al siglo XVII para que se terminasen esos malos tratos.
REHABILITACIÓN TARDÍA
A pesar de todo, numerosos hogares acogieron al gato durante este sombrío
período, pero no se mencionó como animal hogareño en distintos textos hasta el
siglo XVII. Escritores como Francisco de Quevedo o fabulistas como Félix María
de Samaniego, y pintores de la talla de Velásquez o Murillo, describen un animal
elegante y singular, cuya astucia, falsa modestia y eficacia de cazador lo
convierten en un animal tan temible como su primo el zorro.
DEL SIGLO XVIII A LA ACTUALIDAD
Cuando por fin cambiaron las cosas, las persecuciones estuvieron muy cerca de
diezmar la especie. Luego, la rata parda, recién llegada de Europa, trajo con
ella la peste. Y en consecuencia, llegó también la rehabilitación del gato,
hasta tal punto que el primero vendido al Paraguay,
en 1750, fue canjeado por un lingote de oro. Estos pequeños cazadores empezaron
entonces a prestar sus servicios en almacenes, oficinas, granjas y barcos.
Algunas compañías de seguros exigían que los cargamentos estuvieran debidamente
vigilados por todo un contingente felino en cada viaje. A mediados del siglo
XIX, el gato se estableció definitivamente en los hogares, y no así el perro,
que se vio relegado a la perrera.
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